La mujer que venció el autismo de su hijo

Testimonios

El médico comenzó a decirle que no había nada que hacer (No me lo creo, imposible), que su hijo era víctima del autismo ( No puede ser, si estaba bien hasta hace poco ), que las causas de esa enfermedad se desconocían ( Qué tipo es este que no sabe qué produce el autismo?) y que no había nada que la ciencia pudiera hacer (¿Qué? Tiene que haber algo), salvo recluirlo en un centro especializado en autismo (Jamás ).

En la cabeza de María Luis Mendes la decisión estaba tomada (No seguiré ningún consejo si me piden resignarme) mucho antes de que el especialista le dijera que su hijo viviría en un estado de alejamiento eterno, considerado deficiencia mental, y que tendría que vivir con ayuda externa por siempre (Lo recuperaré). Su hijo había sonreído a las 3 semanas de nacido, había gateado a los 6 meses y medio y, luego, con rapidez de niño feliz, había aplaudido a los 8 meses, y se había puesto en pie. Pero a los 2 años su proceso de desarrollo se detuvo de repente.

No jugó más con sus hermanos, prefería quedarse a solas por horas y dejó de pronunciar palabra. Sus movimientos se volvieron repetitivos y corría por la casa sin propósito alguno o se detenía en un rompecabezas por horas enteras. Cuando se pegaba, no lloraba. Al niño le diagnosticaron trastorno de desarrollo de tipo autista y lo condenaron a una vida sin autonomía y plagada de obsesiones ( Debe haber algo más, debo averiguar ).

Convencida de que no todo se lo habían dicho, María Luis emprendió una investigación de tres años sin pausa, contra el reloj (Tengo que apresurarme para que el mal no afecte más a mi hijo), siguiendo la metodología de un proceso judicial con expedientes y archivos almacenados en gruesas carpetas azules según su formación como abogada (Necesito pruebas), y con la ayuda de Internet -al que se dedicaba por horas- y de los libros que conseguía en su búsqueda intensa.

En su pesquisa encontró que la incidencia del autismo había crecido y que antes era de un caso entre 10 mil niños, y ahora es de uno entre cada 150 menores (Algo tiene que estar pasando). También halló una autora que aseguraba que el autismo no era una enfermedad mental, sino algo físico, y que con un cambio de dieta ella había salvado a su hijo (Ahí puede estar la respuesta). Averiguó también que, según esa teoría, los afectados eran incapaces de procesar el gluten, la proteína de los cereales, y sus niveles irregulares de péptidos los mantenían narcotizados.

Decidida a probar todo, menos resignarse, a los dos años y medio le quitó la comida a su hijo de un día para el otro y le cambió la dieta en la decisión más drástica de su vida ( Lleva cuatro días sumido en la desesperación, como un drogadicto sin droga, tirado en el piso. A veces pienso en ayudarlo, pero no debo ). Al final del cuarto día lo vio emerger de la luz ( Me mira. Habló por fin, jugó con sus hermanos y durmió esta noche completa ). Pero faltaba aún chispa en sus ojos.

Por lo que María Luis, de origen portugués, decidió seguir una terapia de integración sensorial y otra intensiva de comportamiento para que su hijo reaprendiera todo, desde cómo sujetar un objeto hasta qué hacer con él ( Son sesiones de hasta ocho horas diarias. Hay que enseñarle hasta qué es el día y la noche ). Pero mientras duraba ese proceso de enseñarle lo ínfimo, ella siguió investigando.

Aprendió sobre un método llamado ABA (Análisis del Comportamiento Aplicado) con un porcentaje de recuperación del 46 por ciento, y decidió aplicarlo en su hijo luego de mucho buscar en Colombia a alguien que lo practicara, hasta que lo encontró en un consultorio guiado por un terapista en Cartagena que lo ponía en práctica con alegría caribe y sin el automatismo de los libros.

De un momento a otro, su hijo comenzó a aprender de forma veloz por su propia cuenta, como impulsado por un afán interior ( Las puertas se abren. Pero a mi hijo le falta el doble sentido, la sonrisa natural ). De vivir en sombras, la dieta rigurosa en la que le eliminaron todo rastro de gluten, caseína (proteína de la leche), soya, huevos, pescados, azúcares, colorantes, conservantes, saborizantes y químicos en las comidas, junto con la terapia intensa, le permitieron al niño de entonces 3 años y medio ir al colegio y asumir una vida casi normal ( No es suficiente. Falta algo. Quiero que ría espontáneamente. Debo seguir investigando).

El interés de María Luis la llevó a Estados Unidos, donde se reunió con especialistas de prestigio -como el Dr. Buie, que enseña pediatría en Harvard, y la Dra. Cave, que ha tratado más de 2.000 niños autistas y luchó en el Congreso de E.U. contra el uso del mercurio en las vacunas para menores.

Ellos, entre otros miembros de DAN! (Vence al Autismo Ahora, por sus siglas en inglés), iban contra la corriente de miles de colegas suyos y de las compañías farmacéuticas. La premisa de estos disidentes le dieron esperanza, sobre todo porque promulgaban a nombre propio que el autismo no es un problema psiquiátrico, sino médico. ( No estoy loca. O somos varios locos o algo está mal ).

Un libro en el camino, Children with starving brains -Niños con cerebros hambrientos-, le dio la pauta definitiva. ( Esto es lo que estaba buscando. Tiene que ser la solución final ). La autora, la psiquiatra Jaquelyn McCandless, asegura que el intestino de los niños autistas suele estar en tal situación inestable que deja pasar todas las toxinas y su cerebro está contaminado. ( Tengo que quitarle las toxinas para que el cerebro funcione. Voy a demostrar que los médicos se equivocan ). Buscó ayuda en Colombia para desintoxicar a su hijo, pero los galenos solo le ofrecían más ritalina, la droga común para tratar la hiperactividad ( Es un veneno. Todos recetan con el vademécum cuando no son sus hijos. Si fueran sus hijos, qué formularían? ).

María Luis le practicó una quelación a su niño, un tratamiento para eliminar metales pesados del cuerpo, en especial el mercurio. Sus niveles de este metal en el cuerpo eran tres veces más altos de lo normal. ( Yo misma se lo inyecto. No es fácil, pero es mi responsabilidad como mamá ). Luego de más de 40 aplicaciones intravenosas, el niño volvió a sonreír como cuando tenía un año de edad. ( Es normal, completamente. He soñado muchas veces que mi hijo se ahogaba y no podía salvarlo. Pero yo me sumergí y lo salvé ).

Con más de una docena de carpetas de documentos archivados, María Luis emprendió otra batalla: demostrar que el autismo tiene solución ( No soy médica, soy abogada, pero hay cosas que no se dicen y que debo hablar ). Con pruebas y pilas de exámenes de laboratorio, quiso entender qué había causado el autismo en su hijo ( Hay preservantes en las vacunas, como el timerosal, que intoxican el cuerpo. Mi hijo cambió después de que le apliqué la triple viral ).

Médicos de Estados Unidos le dieron la razón con un acta enviada al Congreso para solicitar vacunas libres de mercurio y pedir la remoción de las vacunas que contienen timerosal tan pronto como sea posible , visto que estas contienen un 50 por ciento de mercurio, perjudicial para el sistema nervioso en desarrollo, pero que conserva por más tiempo las vacunas. Sin embargo, el Instituto de Medicina de las Academias Nacionales de Estados Unidos refutó la afirmación y dijo que eran medicamentos seguros ( El caso de mi hijo demuestra lo contrario ).

Pero tampoco María Luis se quedó ahí. Comenzó a divulgar lo que había hecho y varias madres la llamaron ( Sus hijos también mejoraron. Monté una fundación sin ánimo de lucro llamada Con Senthidos para que otras personas tuvieran una opción ). Varias familias consiguen ahora harinas sin gluten, suplementos vitamínicos puros y tratan de formar profesionales en el tema ( Los médicos se rigen por los laboratorios y no hacen investigación. Muchos no me creen ni aun ahora ).

Su hijo tiene cinco años y juega como cualquier otro de su edad. Tiene agudeza en sus respuestas y una cortesía digna de familia diplomática. Su madre es una rubia de cabello corto y mirada incisiva que habla sin detenerse -pero sin dejar un solo cabo suelto. Tiene un carácter de hierro forjado por la contrariedad y a pesar de tener tres hijos conserva la figura juvenil y un aire de elegancia.

Está a punto de mudarse de país y cuando lo haga, dejará de hablar de autismo en su casa. ( Es hora. Pero seguiré luchando para que no se ignore ni se oculte información. Para que los suplementos no engañen con bajos niveles de concentración de vitaminas y minerales Para que no sigan poniendo 22 vacunas en dos años a los niños, con niveles altos de mercurio cuando antes nos ponían ocho hasta los 6 años. Y para que no consideren al autismo como un problema sin solución ).

En su estantería reposa la novela Ensayo sobre la lucidez de su coterráneo José Saramago. No lo ha leído, porque no ha hecho más que luchar por su hijo e investigar por años sobre el autismo. Por lo tanto no sabe que ella podría ser la protagonista del mayor ensayo sobre la lucidez que madre alguna merezca (Lucidez no. Deber). 

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1523340

 

Enviado por Lug Barry López